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El eclipe

14 mins·
José M. Mariño
José M. Mariño²
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José M. Mariño²
Yo antes era muy indeciso. Ahora ya no estoy tan seguro.

No queríais caldo? Pues aquí tenéis dos tazas.

Hartos como estaréis ya todos de ver fotos del eclipse de la semana pasada, me toca ahora poner las mías.

La reserva del día.
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Lo primero que se necesita para estas cosas es tener el día libre. Cuando planificamos en la oficina las vacaciones de 2025, yo ya había avisado de que para el 2026 tan solo iba a pedir el 12 de agosto como fecha inamovible. Podían hacer lo que quisieran el resto del verano, pero que conmigo no contaran ese día. Si no lo tenía de vacaciones entonces iba a estar enfermo, desaparecido o secuestrado. En cualquier sitio menos en la oficina.

Sobra decir que no hubo problema porque nos llevamos muy bien todos y siempre hay solución.

La ubicación.
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La cosa durante 2025 y 2026 fue llevándose de forma tranquila. Entre dos elementos subversivos que tengo por amigos íbamos comentando posibles ubicaciones para ir a ver el eclipse. La primera idea que se nos veńia a la cabeza era obvia: el eclipse iba a ser al atardecer, por lo que había que irse a la costa. Mi casa, aún estando cerca de la costa, no estaba en la franja de totalidad, así que tenía que coger el coche sí o sí. Además, ya estaba mentalizado (y también tenía mentalizados al resto de la casa) de que ese día había que coger el coche y tirar para donde hiciese falta, dependiendo de cómo estuviese la meteorología.

Había que irse al norte, de Coruña para arriba. Entre Ferrol y Cariño estaba bien. Cerca de San Andrés de Teixido hay unos cuantos miradores justo por encima de la costa (son unos casi-acantilados, que caen muy abruptamente hacia el mar) que parecían ideales, así que eran los primeros candidatos. La Garita da Herbeira era uno de ellos.

A dos semanas del eclipse, y aprovechando que dos días a la semana tengo que ir a Coruña, salía con tiempo suficiente de casa para hacer algunas visitas por la zona. La primera fue para ir a la Garita, y por lo menos sirvió para descartarla completamente: mucho viento y mucha bruma que subía desde el mar. El ruído infernal de los aerogeneradores era lo de menos, pero tampoco estaba de más que les hiciesen algo de mantenimiento (están muy oxidados por el salitre del mar y hacen un ruído que da miedo).

En los siguientes días subí a otros parques eólicos: el de Bustelo (nunca había visto tantas águilas juntas), en Muras; el monte Racamonde, en San Sadurniño; y hasta el monte Xistral, que está a más de 1000 metros de altura y podría ser una opción en caso de tener que evitar nubes no muy altas. Había que valorar los accesos (con según qué coche algunas pistas pueden ser complicadas) y hacerse una idea de lo que costaba llegar a cada sitio.

Racamonde
Desde Racamonde se ve el mar!

Xistral
Cuesta un poco subir al Xistral, pero merece la pena por las vistas.

Además de los pocos sitios que visité en persona, tocaba también hacerse una lista de posibles candidatos consultando la cartografía. Y también planificar una posible escapada por la A-6 hacia la meseta como último recurso a la desesperada. Acabamos con una lista de unos treinta puntos..

Mapa
Nuestro mapa de puntos de observación.

El plan inicial que decidí era el de llevar a la familia a pasar el día a la playa. Valdoviño estaba muy bien. Si teníamos un día soleado ya se podía ver el eclipse desde la propia playa. En caso de que comenzasen a entrar nubes tendríamos que recoger el chiringuito y marchar hacia el interior.

La meteorología.
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A diez días del Día E, los partes meteorológicos ya comenzaban a tocar un poco las gónadas: había posibilidad de nubes. Lo de siempre, toda la primavera y verano sudando como cerdos por un calor más propio de latitudes de una sola cifra, y llega agosto y vienen las lluvias. El mundo al revés. Pero bueno, es lo que hay.

Tanto ir a visitar sitios por el norte, para nada.
Tanto ir a visitar sitios por el norte, para nada.

Había que irse un poco más al sur. Me fastidiaba un poco porque significaba alejarse del centro de la franja de totalidad, y por lo tanto perder unos segundos preciosos de la parte más interesante.

Lo de escapar hacia la meseta ya no parecía cosa de locos. Y a Burgos tampoco se tarda tanto en ir.

La instrumentación.
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A lo largo del año yo iba recordando la necesidad de no esperar al último momento para comprar las gafas para el eclipse. No soy un experto en economía y no tenía ni idea de si iban a bajar de precio conforme se acercase el día, o si la consabida picaresca ibérica iba a hacer acto de presencia disparando los precios a la altura de un evento astronómico de esta categoría. Así que hicimos una compra de un lote de gafas a comienzos de año, a repartir entre varios. Además de las gafas compré unos pequeños prismáticos solares que vienen con el filtro solar incorporado de serie, que obviamente no van a servir más que para observar el Sol.

¿Y no vas a sacar fotos del eclipse? NO.

Esa era mi postura desde el primer momento. Sacar fotos con un telescopio no es fácil. Cuando el telescopio es bastante malo, la cosa se complica más todavía. Tengo un pequeño ETX-70AT, popularmente conocido como Lidlscopio porque hace ya unos añitos tuvo un gran éxito en cierto supermercado de bajo coste. Está justo en la frontera entre juguete y telescopio serio, y para mí tiene una calidad óptica decente teniendo en cuenta el precio que pagué por él. Viene siendo como tener unos prismáticos gordos con el que se pueden ver cosas muy chulas, aún que se quede corto en cuanto quieres hacer algo más serio. La astrofotografía es una de esas cosas. Así y todo, el mejor telescopio es el que puedes usar con más frecuencia, y este juguetito se monta en un plis-plás.

Mi idea de ver el eclipse no pasaba por estar pendiente de aperturas, exposiciones y otras zarandajas. Tenía claro que era algo que había que disfrutar en vivo, porque fotografías ya iba a haber un montón de ellas por todos lados. Pero claro, los remordimientos me podían, y la semana anterior compré un adaptador para la cámara reflex. Las fotos que había sacado siempre con el telescopio eran a través del ocular y con el teléfono móvil, pero decidí probar a hacerlas con la reflex.

No me hacía mucha gracia tener que andar con la cámara por el monte y tener que destapar el sensor para montarla en el telescopio, la verdad. Pero si montaba la cámara en el telescopio podría hacer fotos con más facilidad que con el móvil, y por lo tanto perder menos tiempo y evitar el riesgo de distraerme demasiado del espectáculo en directo. Surgía también el problema del peso: meterle una reflex al telescopio excedía por mucho la capacidad de los motores que lo controlan. Ya dije que era un telescopio barato, pero dentro de lo malo es un telescopio motorizado. Eso sí, los motores y los embragues ya van justos para mover el tubo óptico, como para meterle una cámara de tres cuartos de kilo en el portaoculares. Imposible del todo. Habría que encuadrar a pulso.

Así que el Día E habría que cargar con el telescopio, la reflex, y una pequeña cámara compacta (había que tomar una panorámica, eso si).

Como era la primera vez que hacía fotos a foco primario con el telescopio, anduve mirando calculadoras para saber si la combinación de reflex y teles permitía unos aumentos decentes. El telescopio tiene una focal de 350mm y con el tamaño del sensor de la cámara me salía que, en vertical, las imágenes cubrirían unos 2,44 grados de campo de visión. El Sol y la Luna tienen un tamaño de medio grado aproximadamente, así que las fotos iban a quedar algo pequeñas, pero tengo una Barlow que permite ampliar un poco la imagen, con lo que no debería haber problema.

El día anterior al Día E probé por primera vez la cámara en el teles, y sorpresa: no se conseguía enfoque. Al telescopio le faltaba recorrido para poder enfocar correctamente en el sensor de la cámara. El telescopio tiene dos portaoculares, uno que sale a 90 grados del eje, por la parte de arriba, y una rosca T en la parte de atrás, en lína con el eje óptico. En esa rosca T puedo añadirle un prisma erector que a su vez tiene un portaoculares donde meter despues la cámara. Y con ese prisma puesto sí se conseguía enfocar. Alivio.

Luego pude leer que lo de no enfocar es algo habitual: los telescopios están hechos para trabajar con oculares, que tienen un punto focal que queda metido más adentro cuando están montados en el telescopio. Con la cámara el punto focal tiene que ser el propio sensor, que queda por fuera del portaoculares. En esos casos la gente acostumbra a usar una lente Barlow para hacer que el punto focal salga del portaoculares y pueda llegar al sensor. El aumento que aporta la Barlow es lo de menos, pero también estará ahí.

Mi lente Barlow era de 2x aumentos, si la memoria no me traicionaba (spoiler: sí que me traicionaba).

Así que ya tenía todo listo en lo tocante a las fotos. O eso pensaba yo.

Llega el día, y hay que decidir.
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Arrancamos por la mañana, con la espada de Damocles de la meteorología siempre sobre nosotros. El día no podía ser mejor, pero todas las previsiones decían que la tarde se iba a complicar con las nubes.

Todavía no las teníamos todas con nosotros.
Todavía no las teníamos todas con nosotros.

Antes de decidir el punto de observación definitivo, había dejado para este día las últimas dos visitas: un parque eólico cerca de Parga (Lugo), recomendación del amigo de un amigo, y el monte Monseivane al norte de Vilalba. El parte eólico cerca de Parga estaba bien, en medio de ese parque había una caseta (supongo que de vigilancia contraincendios) en un estado no demasiado malo, y a la que se podía subir, pero también se podía ver el eclipse perfectamente desde el suelo. De hecho, cuando llegamos allí ya había seis o siete coches de gente previsora. Al sur de ese parque había un grupo de aerogeneradores que también tenían buenas vistas.

Salimos del parque eólico de Parga hacia Vilalba, hasta llegar al monte Monseivane, un poquito más al norte aún. Mientras subíamos hacia la cumbre, encontramos un sitio perfecto que tenía vistas hacia el oeste, y encima no había ni un alma: ya teníamos donde echar el día.

Un sitio perfecto para echar una tarde tranquila.
Un sitio perfecto para echar una tarde tranquila.

Nos pusimos a comer debajo de unos pinos, y así pasamos un par de horas. El sitio estaba lleno de zarzas y los chavales cogieron también un montón de moras. Mientras estábamos comiendo comenzó a llegar gente que no se detenía allí, sino que seguían subiendo hacia la cima del monte. Todos subiendo con cuidado, porque la pista dejaba bastante que desear, excepto un Renault 4L que demostró su superioridad técnica ante Audis, BMWs y autocaravanas, subiendo con decisión sin importarle los baches.

Rectificar es de sabios.
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Ya comidos y con el chiringuito recogido, decidí hacer una subida a la cima del monte para evaluar si merecían la pena las vistas desde allí aunque estuviese lleno de gente, o si convenía quedarse donde estabamos y tener todo el monte para nosotros. Viajábamos en dos coches, así que subimos solo con uno, y los del otro coche se quedaron esperando abajo. La subida fue algo complicada, hasta el punto de casi darnos la vuelta porque el otro coche seguramente tendría bastantes problemas para subir. Cuando finalmente llegamos a la cima había ya bastante gente, pero todavía había sitio suficiente para todos.

Sin embargo, lo que me dejó frío fue lo que vi cuando miré al norte:

Las previsiones estaban en lo cierto.
Las previsiones estaban en lo cierto.

Winter is coming.
Winter is coming.

Estaban entrando nubes por el otro lado del monte, por el norte. De quedarnos allí corríamos el riesgo de que se nos echasen encima justo a la hora del eclipse, y si nos quedábamos en el sitio donde habíamos comido la cosa podía ser peor porque nos caerían encima sin aviso cuando ya fuese demasiado tarde.

Así que consulté con un amigo que estaba en el parque eólico de Parga, que me confirmó que aquello no se había masificado todavía, y tiramos de vuelta para el sur, un poquito más lejos de las nubes y más cerca de la A-6 en el caso de tener que escapar en el último momento.

Nuestro punto de observación definitivo.
Nuestro punto de observación definitivo.

Llegó el momento.
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Ya de vuelta en el parque eólico de Parga (para ser más exactos, se trata del parque eólico “CASA”), tocaba comenzar ya a montar el telescopio, repartir las gafas para el eclipse y también filtros para poder hacer fotos con los móviles.

Al montar el teles con la reflex, puse directamente la lente Barlow en el portaoculares lateral, y luego la cámara. Era mejor utilizar el portaoculares lateral, que va perpendicular al tubo óptico, porque así el peso de la cámara quedaba más cerca del eje de giro y hacía menos palanca. Y además la unión con la cámara quedaba más vertical, con lo que el peso empujaba más bien a lo largo del eje del portaoculares, sin flexionarlo tanto.

La lente de Barlow que yo tenía en la cabeza que era de 2x aumentos, resultó ser de 3x aumentos (nunca en mi vida la había usado, la verdad). De todas formas, medio grado de tamaño aparente del Sol multiplicado por 3 son 1,5 grados, y la imagen debía caber perfectamente en el sensor.

Pero:

Houston, tenemos un problema.
Houston, tenemos un problema.

No me entraba toda la esfera del Sol en el encuadre!

No había tiempo de buscarle explicaciones, así que repetí el montaje del día anterior: prisma erector en la toma T del extremo del tubo, con la cámara a 45 grados, más alejada del eje de giro y haciendo por lo tanto más palanca, y encima flexionando el prisma erector. Si ya el mecanismo de enfoque del telescopio es una mierda, lo de tener los ejes ópticos de los diferentes elementos desalineados tampoco ayudaba mucho. Pero no había nada que hacerle.

Con el prisma erector la imagen conseguida en la cámara era también mucho más grande de lo que los cálculos decían, pero entraba en el encuadre. El motivo es que el prisma (esto lo confirmé más tarde) tenía también un factor de 2.4x de aumento de la imagen que no viene indicado en ningún sitio.

Por otro lado, puedo decir que este día tuve una de mis mejores ideas en lo que a la astronomía de aficionado se refiere. Antes de salir de casa, y pensando cómo podría ayudar a estabilizar la cámara (recordemos que tenía que hacer las fotos encuadrando a pulso), cogí una toalla con la intención de meterla entre el tubo óptico y la base del telescopio, como un híbrido entre punto de apoyo y amortiguador de vibraciones.

Douglas Adams tenía muuucha razón. Una toalla te puede salvar la vida.
Douglas Adams tenía muuucha razón. Una toalla te puede salvar la vida.

Maravilla de invento! Pienso que fue la clave para que las fotos no saliesen demasiado estropeadas. Ya que lo del enfoque no tenía mucho arreglo, por lo menos que no saliesen muy movidas.

No me gusta poner fotos de mí mismo, pero me sacaron esta a traición y la verdad no me disgusta:

Hay paparazzi hasta en Parga.
Hay paparazzi hasta en Parga.

Llegados a este punto, ya solo quedaba esperar. Y disfrutar.

Ahora sí, las fotos.
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La fase parcial previa del eclipse se hizo interminable, con el miedo en el cuerpo de que surgiesen nubes en el último momento. Con tanto calor es normal que llegando la noche se note la humedad en el ambiente, y de hecho comenzó a formarse una pequeña estela que no llegó a suponer finalmente ningún problema.

El Sol antes del eclipse.
El Sol antes del eclipse.
Fase parcial previa (1).
Fase parcial previa (1).
Fase parcial previa (2).
Fase parcial previa (2).
Fase parcial previa (3).
Fase parcial previa (3).
Fase parcial previa (4).
Fase parcial previa (4).
Fase parcial previa (5).
Fase parcial previa (5).

En la totalidad tan solo tiré dos fotos y una salió movida (los nervios del directo), además de una panorámica con la cámara compacta. Pero nos tocó premio: una bonita protuberancia solar.

Eclipse en la totalidad (1).
Eclipse en la totalidad (1).
Eclipse en la totalidad (2).
Eclipse en la totalidad (2).

En la fase parcial posterior se nota el cambio de color del Sol conforme va quedando más bajo en el horizonte.

Fase parcial posterior (1).
Fase parcial posterior (1).
Fase parcial posterior (2).
Fase parcial posterior (2).
Fase parcial posterior (3).
Fase parcial posterior (3).
Fase parcial posterior (4).
Fase parcial posterior (4).
Fase parcial posterior (5).
Fase parcial posterior (5).
Fase parcial posterior (6).
Fase parcial posterior (6).
Fase parcial posterior (7).
Fase parcial posterior (7).

Lo de ver el eclipse al atardecer tenía sus inconvenientes, pero por el contrario también alguna cosa buena: poder ver el Sol en contraste con el horizonte en lugar de tener que mirar hacia el cénit.

Panorámica de la totalidad.
Panorámica de la totalidad.

Mereció la pena.
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Mis fotos son una porquería, lo sé. Pero son mías, así que yo las veo con otros ojos. El caso es que cualquier foto del eclipse es una porquería si la comparamos con la experiencia real. Contemplar la corona solar a simple vista, ver ese Sol Negro sobre el horizonte como si estuvieses en otro planeta, en un mundo extraño. Presenciar ese instante en el que los astros del cielo deja de parecer una bóveda en dos dimensiones y cobran volumen, desvelando sus verdaderas posiciones y permitiendo apreciar que unos están más cerca y otros más lejos. No hay comparación posible.

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