Recupero un pequeño texto que tenía pulbicado en un servicio de alojamiento de paǵinas personales, del estilo de geocities que había hace unos cuantos eones. En ese texto hablaba un poco de los primeros ordenadores que tuve, y también del motivo por el que acabé siendo un usuario de Linux.
En el momento en que escribí ese texto, allá por los comienzos de la década del 2000, por mis manos habían pasado solamente cuatro ordenadores:
El comienzo de todo: un Spectrum+ 128K #
Mi primer ordenador fue un Spectrum+ 128K con unidad de cassete integrada, con el que pude por primera vez poner en práctica lo poco que sabía deBASIC. Sí, antes de que cayese en mis manos este ordenador, yo era tan solo un programador de lápiz y papel.
Hola, PC! #
En el 1993 compré mi primer PC: un Intel 486 a 33MHz (al que unos años más tarde le cambiaría el procesador por un i486DX2 a 66MHz) que era una pequeña joya: 8MB de RAM, 240MB de disco (cuando estaba a punto de jubilarlo le conseguí otro disco de 120MB), una tarjeta gráfica Cirrus Logic con Vesa Local Bus que iba bastante bien (aunque el VLB perdiese después la guerra frente al PCI), y una ma-ra-vi-llo-sa controladora de disco IDE Promise DC4030 que contaba también con Vesa Local Bus y 512KB de caché fí-si-ca on-board -nada de tonterías caché por software-. Esta preciosidad de controladora IDE tenía todo un procesador i286 dedicado a la gestión de la caché (todo un i286 para el disco duro, en unos años en los que todavía había PCs que lo utilizaban como procesador principal!!!), y puedo vanagloriarme de que se merendaba a los primeros Pentium que habían salido al mercado en lo que a transferencia de disco se refiere.
Al segundo año le compré una SoundBlaster 16 (hay que ver lo que aluciné con el sonido cuando arrancaba el X-Wing) y una unidad de Cd. Fue en este PC en el que tuve los primeros contactos con Linux. Instalé un par de veces unas distribuciones que cayeron en mis manos (no recuerdo cuáles), aunque eran muy básicas y las desistalé para seguir trabajando con Windows (sí, sí, uno también tiene un pasado oscuro). Lo más exótico que hize fue instalarle el Sun Solaris 7 para PC, en un arrebato de locura que me dio cuando Sun comenzaba sus primeros tanteos hacia las plataformas PC. Tampoco es que durase mucho, la verdad.
En lo qie respecta al Windows, ese PC lo tuve funcionando con Windows 3.1, luego con Windows 3.11 y finalmente pasé al Windows 95. Harto de la lentitud con la que se movía, di un pasito atrás y volví al Windows 3.11 (después de haberme acostumbrado a la lentitud del Windows 95, Windows 3.11 parecía que volaba).
Adiós a Intel #
En el año 1999 decido darle la jubilación al 486 (que ya había trabajado lo suyo) y aparecen los primeros síntomas de rebeldía: me paso a AMD. El siguiente PC fue un AMD K6-2 a 350MHz, con 64MB de RAM y 6 GB de disco. La tarjeta gráfica era una S3 Trio3D, que un par de años después cambié por una Voodoo3 3000 con salida de TV (la S3 no se llevaba muy bien con Linux). Para el sonido le había puesto una SoundBlaster PCI 128, y más tarde la cambié por una SoundBlaster Live! Value. Este PC lo tuve desde un principio con Windows 98, del que no me bajé porque se movía bastante bien y no necesitaba nada más.
Fue con este PC con el que me embarqué de lleno en Linux. Y curiosamente, mi viaje linuxera se produjo por obra y gracia de Hewlett-Packard. La compra de mi primera regrabadora de CDs (una pésima HP CD-Writer Plus) fue el empujón (no el único, pero uno de los más decisivos) que me hizo comenzar a usar Linux como SO habitual y dejar Windows solo para los casos imprescindibles.
Esa grabadora era tan, tan mala funcionando bajo Windows (cositas de HP), que se me hacía realmente urgente encontrar otro SO en el que poder utilizarla. Resulta que con Linux iba de maravilla: después de echar a perder cajas y cajas de CDs en grabaciones abortadas usando Windows, no volví a estropear un CD más después de cambiar a Linux.
En Linux había programas de gravación con interfaz gráfica, como el K3b, pero si querías aprender un poco sobre los detalles técnicos, lo normal era acabar tirando de línea de comandos y de paquetes como el cdrdao y las cdrtools. Era un poco difícil al principio, pero luego ya ibas cogiéndole el tranquillo y entendiendo lo que era una grabación de pista -track-at-once-, de sesión -session-at-once-, o de disco completo -disc-at-once-. Recuerdo que una de las cosas que más satisfacción me dieron fue conseguir grabar un disco de música en directo, que no tenía pausa entre una canción y otra, sin que quedaran silencios entre pistas.
Así que vi que Linux era un SO totalmente fiable para grabar CDs (algo que era de lo más moderno que podía haber en la informática doméstica), decidí embarcarme de lleno y adoptarlo como mi SO habitual. Con Windows en la recámara gracias al arranque dual, claro.
En un principio instalé Suse 6.2, luego Suse 6.3 e incluso llegué a comprar el Suse 7.0, todo en su cajita con los manuales y los CDs. Suse era una distribución que no estaba nada mal. Venía con muchos paquetes de software, y apenas tenía necesidad de andar buscando ninguna aplicación extra (contexto: el ADSL aún estaba comenzando a desplegarse y las conexiones a InfoVía eran con modems telefónicos). Por desgracia, llegó un momento en el que Suse cambió de política y dejó de permitir la descarga de las ISO’s para plataformas PC. Después de eso, y gracias a la poderosa influencia de un compañero de trabajo, me pasé a Slackware. Con el AMDK6-2 llegué hasta Slackware 8.1. Por aquel entonces el reto era conseguir que todo el hardware instalado del PC funcionase (en los comienzos de Linux los fabricantes daban muy poco soporte -anda, como ahora!-), y conseguí tener operativo absolutamente todo, incluída la salida de TV de la Voodoo y la síntesis por tabla de ondas de la SoundBlaster Live! (otra maravilla, por cierto).
Mi primer portátil #
En 2003 llego a la conclusión de que el AMDK6-2 ya se está quedando pequeño (a pesar de haberle ampliado la RAM a 192MB -que hizo que mejorara bastante-), y tomo una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar en mi vida informática: ¿sobremesa o portátil?. Después de pensarlo mucho, me decidí por un portátil por mucho que tuviese que renunciar a muchas cosas (la tarjeta de sonido con síntesis por tabla de ondas, por ejemplo). Por otro lado, también ganaba mucho: trabajaba durante la semana fuera de casa, y podía ir con él de un lado a otro, o sentarme en cualquier sitio a teclear sin que el ordenador ocupase tanto espacio.
Después de mucho buscar, me decidí por un Toshiba 2450-101, que tenía casi todo lo que buscaba, a saber:
- Un procesador potente (la duración de la batería me importaba más bien poco).
- Una pantalla grande (15" estaba más que bien, en aquella época).
- Puertos USB 2.0. Este Toshiba tenía 3, que no estaba nada mal. Lo del USB 2.0 era con vistas al futuro, porque era algo bastante nuevo y no había muchos periféricos que lo utilizasen, pero una posible regrabadora de DVDs en el futuro seguramente lo agradecería (o exigiría).
- Un puerto FireWire (IEEE 1394). Por aquel entonces tenía una cámara de vídeo digital MiniDV, por lo que era de tontos no comprar el portátil con ese interfaz.
- Memoria RAM suficiente. 256MB no eran algo desmesurado, pero bastaban para moverse bien.
- El máximo almacenamiento posible. 30GB era lo mínimo que buscaba. Sería mejor algo más, pero siempre se le podía cambiar el disco cuando hiciese falta.
- Lector DVD y regrabadora de CD. La unidad combo era muy práctica. Aunque en un futuro comprase una regrabadora de DVD externa, el poder contar con una regrabadora de CDs en el portátil para grabar un CD en cualquier sitio resultaba muy práctico.
- Ranuras PCMCIA. En aquella época todos portátiles venían con esta ranura. Este venía con dos, que nunca se sabe…
- IrDA. El Bluetooth aún no existía, y la conexión con muchos dispositivos, como los teléfonos móviles, se hacía con infrarrojos.
- Una buena tarjeta gráfica. Teniendo en cuenta que era algo que no se podía sustituir en el futuro, tenía que ser buena desde el principio. Además, los últimos modelos de tarjetas gráficas con memoria compartida no me hacían mucha gracia y me daban mala espina en cuanto a su compatibilidad con Linux. La nVidia del Satellite 2450 era bastante golosa, qué queréis que os diga…
- Una buena tarjeta de sonido. Esto es algo que no conseguí con este modelo. Había otros modelos de Toshiba con tarjetas Yamaha que tenían sintesis por tabla de ondas, pero que o no cumplían los requisitos anteriores o se pasaban de precio. Así que la síntesis fue algo a lo que tuve que decir adiós, y la eché de menos durante mucho tiempo. Hoy, al contrario, retomé el gusto por la síntesis FM y los sintetizadores analógicos, para que veáis lo que cambiamos con los años.
- Un puerto serie. Esto fue otra coas a la que también tuve que renunciar. Incomprensiblemente para mí, los puertos serie eran algo que estaba en desaparición cuando compré ese primer portátil, mientras que los puertos paralelos todavía resistían. No le encontraba ninguna explicación porque impresoras USB ya había a montones (el uso principal de los puertos parelelos), mientras el RS-232 seguía más vigente que nunca: programadores de PICs y de EEPROMs, equipos de comunicaciones (routers, hubs, etc…). Por suerte, con los años el USB fue sustituyendo al RS-232 y ya no se le echa de menos.
Y llegamos hasta hoy #
Y aquí finaliza esta pequeña introducción acerca de mi vida informática. Ese portátil Toshiba estuvo conmigo bastante tiempo. Muchas distribuciones de Slackware, muchas recompilaciones del kernel. Luego aparecieron el WiFi, el Bluetooth, los móviles 3G con los que nos podíamos conectar a internet (qué viejos somos!). Como ya comenté, por aquella época pasaba más tiempo cacharreando para conseguir que funcionase tal o cual cosa, que usando el ordenador como herramienta de trabajo. Llegué incluso a programar una pequeña utilidad que permitía inicializar las comunicaciones IrDA para usarlas en Linux.
Después de ese portátil ya no vinieron más. Un buen día dijo “hasta aquí llegamos” y dejó de encender (supongo que algún fallo de la gráfica, que era lo que solía ser el problema más común). Comencé a usar de nuevo ordenadores de sobremesa porque quería contar con dispositivos de almacenamiento en red y montar un pequeño servidor en casa para acceder a música, pelis, etc…
Para mi uso personal, lo que hago es utilizar el portátil de trabajo, al que le conecto un disco externo por USB para arrancarlo con Linux, y punto. No necesito más.
Slackware también es algo del pasado. Durante mucho tiempo usé Ubuntu. Aunque hoy en día haya cosas que no me gusten (que no les gusten a muchos) lo cierto es que Ubuntu hizo un gran trabajo facilitando el uso de Linux a la gente con menos conocimientos de informática. Al César lo que es del César. Ahora no tengo distribución fija. En el momento de re-escribir esto estoy usando Linux Mint, pero también usé Debian, y vete tú a saber lo que acabaré usando en el futuro.